Bueno, yo recuerdo que en aquellos años de mi juventud pasaron un película que se llamo “la honradez es un estorbo”

Bueno, yo recuerdo que en aquellos años de mi juventud pasaron un película que se llamo “la honradez es un estorbo”, y yo creo que así a de ser, esa vez pienso que me hubiera dicho ese señor, Don Fernando, no tengo dinero, o no te puedo prestar, y listo.
Por ah en el anden tenían, o tienen, un puesto donde vendían papas Chuy Hernández y Memo su hermano, hijos de Don José Dolores Hernández, me vieron y me saludaron, y encargaron una botella de vino, nos la tomamos, y me vine a mi pueblo, a seguir rezando letanías, y rosarios, y comprar veladoras.
Por esos días, ya había pasado poco mas de tres meses de cuando fue el accidente, y yo, y mi mujer, con grande miedo que la agencia ya hubiera recogido el camión, le pedí trabajo al finado sobrino mió Javier, el mayor de los hijos de Nabor mi hermano, y me lo dio.
En mi casa se rezaba el rosario al salir los muchachos de la escuela, y en la noche, un día, ya pasaba de los cuatro meses del accidente, y urgíamos a Juanita mi hija a que se presentara a rezar, y nos dijo José Luís y Tere, hijos míos, no quiere venir, y esta como loca, hablando sola, y riéndose, estaba Juanita en la pieza donde están las imágenes de los Santos, y la pieza llena de veladoras en el piso.
Fuimos mi señora y yo, y nos dijo la niña como de cinco o seis años de edad, “no rezo porque me dijo el niño que ya mañana le entregan el camión a mi Papá” ¿Cuál Niño? Nos quedamos pasmados con la boca abierta, ya tenía el camión tantito mas de cuatro meses detenido, ya nomás esperábamos que la DINA lo recogiera y me quedara sin nada.
Ese día, ya seria como las ocho de la noche, me hablo por teléfono un licenciado, de Zamora, y me dijo, “Don cheo, consiga unos 8 millones de pesos, y lo espero mañana en el corralón de Celaya para que saque su camión, no nos conocemos usted y yo, pero mañana lo espero con el dinero en el corralón de Celaya” Tarea difícil, porque ya le debía a medio mundo, pero los conseguí gracias a Dios, temprano nos vimos con el licenciado en Celaya, y en su carro nos fuimos a Querétaro, a pagar la multa, y los daños a la carretera, y a pagar las grúas, y lo que cobran de pensión, con jabón amarillo le medio tape los agujeros del radiador, y ahí va el anaranjado para afuera”
Me dijo el licenciado “después voy a su casa para que me pague, nomás no tenga el camión en Yurécuaro” vallase lo mas lejos que pueda a trabajar, porque lo van a buscar, cómprese en Guadalajara un amparo, y quítele las placas al camión porque lo van a buscar, de preferencia en su pueblo, los familiares de los muertos.
Ahí en el libramiento de Celaya me soldaron el radiador, y me fui a Guadalajara por Atotonilco porque me dijo el licenciado “no pase ni se valla por Yurécuaro, porque ahí luego luego lo van a buscar” CONTINUARA